Viajar. Ir de un lugar para otro. Conocer.
No me gusta turistear, se me hace barato y fácil. Viajar es realmente satisfactorio. Es tomar cualquier medio de transporte (autobús, coche, camión, tus propios pies) y no detenerte sino hasta que sientas que ya llegaste a donde tenías que ir.
Algunas veces, los días más pesados, siento que en el over all no voy hacia ningún lado. Y resulta entre opresivo y frustrante.
Otros días, esa misma sensación me llena de orgullo y me deja con ganas de seguirle caminando quién sabe a dónde y sabrá Dios por qué caminos.
Recuerdo un poema de Kavafis:
Cuando partas hacia Itaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
(…)
Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.
Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.
A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.
Supongo que así es la vida. Lo importante no es el destino sino el camino.





