
Ella perdió la cuenta, y nadie sabía cuándo nacería… pero al fin lo hizo… Y aquí está:
No hace nada, pero puedo pasar mucho tiempo contemplándolo; no entiende lo que le digo, pero le hablo y le pregunto cosas; no sabe quién soy, pero se deja cargar sin llorar… No tiene miedo, no conoce el odio, ni la tristeza, ni la angustia, ni el estrés…
Y cuando sonríe… No sé por qué sonríe… Pero cuando lo hace, se vuelve lo más maravilloso del mundo…
Es como la dicha materializada.





