
Después de recabar, tabular y codificar toda la información en el trabajo para un proyecto a cargo de su jefe, el trainee tuvo esa sensación de placer… ya sabes… cuando sabes que tienes el poder… y no cualquier poder… Sino…
El poder de la información.
Esto provocó que él adelantara los análisis y entonces, haciendo eso, obtuvo una conclusión sobre el proyecto, la cual le ayudaría mucho a crecer profesionalmente.
No obstante, como en toda historia, para lograrlo tenía muchas cosas en contra: el tiempo, las vacaciones de su jefe, las actividades que desempeñaba día con día… pero sobre todas las cosas: ELLOS.
Lo peor con lo que el trainee tenía que lidiar en la vida siempre eran ELLOS… Sus demonios internos. Le asaltaban con dudas en la cabeza: ¿Sí lo hago? mejor no… No va a querer… Me voy a pelear con los proveedores… es mucha chamba… ¿Mantendré el entusiasmo? ¿Y si no lo hago bien? Mejor que lo haga otro… Pero no va a quedar bien, incluso puede que quede como está o peor… Mejor… ya no… Bueno, voy a investigar cómo se hace esto… Aunque es perder el tiempo… Ni sé manejar este programa… Bueno, puedo aprender… ¿Me dará tiempo hacer todo? ¿Será un fracaso?
Y si…
Y sí… decidió que sí…
Y después de algunos desvelos, investigar más cómo poder hacerlo, probar el mugre programa, estar abstraído por ideas que iban y venían todo el tiempo, y además estar como zombie para sus allegados, el lunes le envió un appointment a su jefe… y hoy, realizó la presentación (claro, en Powerpoint y con proyector) de la propuesta que le tenía…
Después, su mismo jefe tuvo una junta con el director del área…
Y entonces…
Que le dan el proyecto.





