
Acá, del lado del pacífico no hace tanto calor, y se siente la brisa de otra manera, tanto como para disfrutar el desierto y no sentirse agobiado por el sol.
A mi me gusta la ciudad, el concreto, las microondas, la electricidad y los refrigeradores con alimento, sólo en épocas como ésta puedo estar un poco más en un medio distante.
Como sea, muy de vacaciones pero estaré en una casa, con supermercado a una cuadra, alberca e internet a otra cuadra y playa chingona a 20 minutos, creo que no se trata de volverme campirano tal vez sea nomás idea de tirar la hueva en otro lugar que no sea mi cuarto, ni el concreto ni el refrigerador que ya conozco.
De cierto tengo…nada.

¿Uh?
¿Sonó la alarma?
“Salgan por favor”
“¿Eh?”
“Salgan por favor… hay un incendio en un edificio de la calle al lado”.
Desalojamos el edificio. Afuera nos esperaba una espesa columna de humo, algunos sonidos de sirenas, y un helicóptero.
¿Pensar? Sí te da tiempo, pero creo que piensas en muchas cosas… No sé cuánto tiempo pasó entre el desalojo y finalmente estar en las zonas de seguridad, pero es cierto que piensas un buen de cosas… ¿Qué se está incendiando? Si es en otro lugar, ¿por qué nos desalojan? ¿Ya no regresaremos? ¿Realmente tengo que dejar aquí mis cosas? ¿Y si el incendio llega hasta aquí? ¿Explotará algo? ¿Cómo inició el incendio? Y mi jefe, ¿dónde está? ¿Lo sabrá mi familia? ¿Habrá heridos? ¿Puedo hacer algo? ¿Guardé el documento que estaba redactando?
Unos cuarenta minutos más tarde, el incendio fue controlado… y simplemente, regresamos a trabajar.