
Es curioso que a sólo 50 kilómetros de la ciudad más grande del mundo, existan lugares como La Villa Familiar, donde el tiempo y las cosas pasan de manera muy diferente…
Caminas por la calle, y siempre te encuentras gente que conoces, no es como en una ciudad, que cuando encuentras a alguien se vuelve ‘un gran acontecimiento’. Aquí las caras se repiten y se repiten: todos te conocen.
El sábado pasado, además de cenar tlacoyos y chicharrón, comimos un poco del pueblo (jaja), y entre chisme y chisme, pude afirmar lo siguiente: Si sucede algo, te enteras más rápido que si esperas las noticias de la noche. Si haces algo, queda plasmado en la historia de tu familia, y en la del pueblo, si no para siempre, por muchos años.
Ahí en La Villa Familiar, en las elecciones, así como en cualquier otro acontecimiento, el pueblo es el pueblo, y toma acción… Miren a la gente en las casillas electorales, ya de noche, vigilando el conteo. ¿Por qué? Porque conocen a los candidatos en persona, y saben quiénes son, qué hacen, qué hicieron, si es amigo del familar de fulano, y si el que gane afecta los intereses de la familia, y de todo.
Las relaciones políticas y familiares siguen muy vigentes, y rodeadas de un místico poder, y de un sistema de influencias que no logro vislumbrar al 100%, pero se siente, te atrae, rodea todo el pueblo, cual smog en la ciudad.







