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Cuando me cambié a la chamba en la que trabajo ahora me traje varias cosas de mi antiguo trabajo en una estación de radio. Una de ellas es Atila.
Contrario a lo que pudieran pensar, Atila no es el dinosaurio que se puede apreciar en la foto… sino el pequeño pajarito que se encuentra cautivo en las fauces del T-Rex. Atila era un pajarito que se encontraba en una pequeña jardinera que servía de centro de mesa en la estación donde solía trabajar, y que estaba más lleno de cenizas que de plantas.
Ahí, olvidado por alguna generación anterior, estaba ese pequeño pajarito al que decidí bautizar con el nombre de Atila. Como yo solía comer solo (mi turno era a la hora de la comida, razón por la cual yo comía antes que todos), me sentaba en la pequeña salita de la estación con mi sandwich y mi agüita de jamaica. Después de que encontré a Atila en el centro de mesa, nunca más volví a comer solo, el buen Atila me hacía compañía.
Sin embargo, Atila no podía estar en un lugar tan público como la sala de espera, así que decidí mudarlo a mi oficina y uno de esos días, apareció dentro de la boca de un dinosaurio que también estaba en mi oficina (algo que me encantaba de trabajar ahí era que tener juguetes en tu oficina era de lo más normal y como a mí me encantan los juguetes…)
Cuando dejé la estación, Atila (y su amigo el T-Rex) tomaron la decisión de irse conmigo confiados en que un día encontraríamos un lugar en donde establecernos. Y lo hicimos.





