Después de ir y venir tantas veces en el día, uno llega, literalmente, con ganas de mandar todo a la chingada.
Ya una vez que lo hube mandado todo aquello a las lejanías, me dispongo a damre el casi único pequeño placer que me queda en las noches después de cenar…quitarme la ropa y ponerme la pijama.
Después de eso, oficialmente soy feliz.






