
El rastrillo ataca de nuevo…y qué manera de atacar.
Ya me toca hacer el servicio militar, y adivinen, a los buenos guardianos de la Patria no les gustan los conscriptos con barba.
Y yo, bueh…heme aquí cumpliendo el trámite.
No soy el mismo, definitivamente no soy el mismo, he perdido como 200 gramos de personalidad y un chingo de autoestima.
Me siento desnudo =S

Cuando escribo, llego a perderme en la historia.
Loco
El Cuenta-Cuentos, por ejemplo.
¿Quién llegaría a pensar que contar cuentos pudiera ser una enfermedad?
Igual que aquel varón, alemán o austriaco, que más da… lo importante es que mentía y mentía…
O como Faulkner, que mentía de sus anécdotas como piloto en el ejército, cuando no llegó a pasar los exámenes de admisión.
Enfermo
El problema, es que aquí no son mentiras… son cuentos, cuentos que deben tener un inicio, un desarrollo y un final. Cuentos que deben abrir espacios, que deben proponer todo un contexto, cuentos que dan nacimiento a otros cuentos con una simple sugerencia.
Y habrá muchos cuentos sin final.
Es difícil convertirse en el cuenta-cuentos… cada tanto me pierdo. Cuando por fin tengo uno en la mente… sonrío.


Lo mismo que todas las noches, Pinky… tratar de conquistar el mundo.
Debo admitir que a veces…
tengo que esperar mucho rato en mi trabajo
antes de hacer algo.
Y si, esa es una de las cosas en las que ocupo mi tiempo…
me pongo una bolsa en la cabeza y planeo la conquistación mundial.
No debe ser difícil. (La conquistación mundial).
Y no es difícil. (Ponerme una bolsa en la cabeza).
Tan sólo ese día, como cuatro personas me miraron sorprendidas
(Oséase con los ojos bieeeen abiertos)
cuando salí a la tiendita.
Si… ríndanse ante mi poder hipnótico.