
Si, es Kelly Osbourne. Aplausos.
Fue una de esas tardes amargas en las que no hayas nada bueno en la TV. Hoy el History Channel me falló, Locomotion no se diga, el Discovery y el National Geographic también. En el colmo de la desesperación puse MTV (que solo me gusta en las noches cuando pasan un poquito de música menos popera-comercial) a ver que me hallaba.
Y, como pueden dar cuenta, estaba Kelly Osbourne. Ella y toda su familia me cae en las pelotas, per ahí estaba, viéndola, sin nada más que hacer que tirar la baba, lo reconozco.
Me lleva la que me trajo.

Cuando subo las escaleras para ir a mi oficina, me encuentro con ese bello logotipo (que me di a la tarea un día de diseñar, escoger una letra bonita, ponerle unas cuantas sombras y voilá…).
Si… cuando subo las escaleras, a las siete de la mañana, a las dos de la tarde o a las doce de la noche (cuando hay alguna urgencia), miro ese bonito logotipo, con las luces dándole tonalidades distintas. Me gusta la C grandota, hasta me dan ganas de ponerle ojos para que parezca un clon de Pac-Man.
Si, cuando subo las escaleras, una y otra vez, después de ir a la tienda por cigarros y coca cola, o tal vez nada más salí a despejarme o fumar para que nadie me interrumpa. Eventualmente veo ese logotipo de acero y lo evito con la mirada, porque siento el peso enorme de las ediciones que no he terminado.
El trabajo se hace pesado y me pongo de mal humor (no me gusta desvelarme cuatro días seguidos, yo creo que a nadie). Mi jefe me mira, se acerca a mi y me dice: “Debería usted estar orgulloso, ¿cuántas personas pueden decir que ven su obra plasmada en un gran pedazo de acero, representando una compañía como la nuestra?”
Entonces veo ese horrible logotipo, hago una mueca y me meto a trabajar.
Al día siguiente, el logotipo es bello otra vez.