
Este es el estacionamiento del World Trade Center. Un laberinto corporativo y hasta le da a uno la pinta de que México es un primer mundo. Las oficinas limpias y sin olor a cigarrillo. Alfombras impecables y hombres de traje, que disfrutan comodamente de la parte comercial que hay adentro.
Me gustó la luz naranja dentro del estacionamiento, sugerente a la apertura de un mundo que no existe. Los coches, andando uno tras otro. Niveles y niveles subterráneos de concreto, dispuestos a protegerte de la lluvia y también, a darte la bienvenida si eres parte del mundo corporativo.
Yo no soy parte de él, al menos, no como ellos creen. Porque el vigilante me observó con cara de: “Este es otro espectador, soñando que estacionará su coche aquí algún día sin que le cobren”.
Miré al vigilante y asentí con una mirada de: “Sólo vengo a tomar fotos señor, y no se preocupe, si alguna vez estaciono mi coche aquí… será para ir al cine”.
Nos asentimos mutuamente, el de su lado y yo del mío.





